
Despierto por nueva vez... escribo y pienso.
Siento y voy dejando de sentir,
no por gusto... por impotencia.
Todos a mi favor y nadie cómplice de mi destino,
disfruto de la presencia del que está ausente a mi lado
y me regala un rayo de sol envuelto en una mirada de atardecer,
que engrandece mi ego y engaña mi corazón... y sonrío.
Sonrío regalando la ingenuidad de un niño envuelta en fuerza y valor,
ocultando la debilidad del alma mía que no entiende nada
y se encierra en la lejanía del papel y sólo el sentimiento.
Y sólo el humo, las cenizas y el espacio...
el silencio acompañado de la soledad...
y la muerte viviendo.


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