jueves, 22 de julio de 2010


Distante te paseas por cada rincón de mi existencia. Cual brisa cálida entra tu voz por las rendijas de mi castillo en penumbras y acaricia mi entorno, mi clausura. Tu silueta caramelo se abre paso por los campos, adorna los paisajes de la historia y sonríe junto a la impaciente luna que se asoma. El sol evoca a la luna y la luna rememora a la Luna...

Aferrado a creer que se tiene lo que no se ve, suspira mi malogrado corazón por una remota posibilidad o por una fantasía, y como el mas endeble subordinado, un cerebro cumple al pie de la letra la orden de no pasar un segundo en tu ausencia. Lunático corazón, cerebro indolente. Culpables de sentenciar esta vida a ser miserablemente incierta.

¿Es acaso tan utópico dimitir a la fe que alberga un ser humano, como desertar al amor?
Afortunados entes aquellos que sin dificultad cambian de ideales y siguen viviendo, o quizás, miserables personajes ignorantes de sus almas.

Estupidez que mantiene fluyendo la sangre que te nombra latido a latido, certidumbre que corrobora la imprudencia de estas manos, de esta memoria que se niega a morir, de esta demencia lúcida imposible de diluir.
Lástima de un proceder sostenido por una quimera, caridad de un vacío infinito que se enzarza contra el adyacente extravío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario