
Sin temor a equivocarse, se extendieron sus huesos al compás del tiempo.
Cada paso rebosante de firmeza, y en ocasiones, de demasiada franqueza, condujeron sus días al egocéntrico bienestar que cegó su juicio.
Un mal día le sorprendió el amor en el momento justo y le arrebató la locura. Luego de vivir retozando, perdió el juego voraz de pasiones que deja su estampa en el ánima. Esa hermosa cicatriz que comprueba un pasado existente y no idealizado. Órganos, músculos, nervios y sentidos, perdieron por vez primera lo querido y así quedó un cuerpo aturdido, confuso y mal herido...
Combatió hasta consigo mismo defendiendo el fuego que consumía cada gota de sus alcohólicos fluidos, y abatido, impactó el final de la mas profunda y necesaria realidad, viendo como había existido su alma sonriente, ignorante del futuro presente y mas inconsciente aun del presente muerto.
Sus escrúpulos le obligaron a prometerse ser un mejor personaje para la historia. Mejor para las flores, mejor para el mar, mejor para la fauna y mejor para la inevitable humanidad; intentando negarle a la vida el sentido que pretende darse sin su permiso y en una valija colosal, aprisionó las razones que evitan sucumbir las sensiblerías y lo escondió en su espina dorsal...
Experimentando la paciencia, aguarda que el tiempo cure todo, que la distancia sea realmente el olvido y que le abandone cuanto antes la certeza de que la felicidad es un tópico enteramente subjetivo.


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