
Excarcelada por vez primera y nunca antes tan prisionera de esta agradable y asfixiante monotonía, transito nuevas ciudades infectadas de hermosos genes, regidos por cerebros enfajados en vanidad y lujuria.
País distante de la saturación que me vio crecer, país camaleónico, difícil de conocer...
De forma intempestiva cambian los paisajes que me rodean y como hojas agonizantes, la escoria del verano baila con el viento un tango pausado y apasionante hasta la muerte.
Esperando que el antídoto a la minusvalía sea el esfuerzo físico, enfoco mis tejidos a conseguir el calor que anhelo sigilosamente, pero es transitorio mi triunfo y de inmediato aflora el vacío que sólo ocupa el Mar...
Mar exorbitante y abismal donde habitan los escombros de mi vida pasada. Mar de prodigiosas playas, voz melodiosa y ocasos que mi esencia nunca olvidará.
Evoco tu cuerpo rodeando cada límite de mi inestable existencia, y la actual panorámica decapita la esperanza de encontrarte en este grato lugar que urge de ti...
Mar refugiado en la oscuridad. Mar ausente, mar conocido y que reconoceré cuando me abrace una vez mas.
Y aun siendo consciente de que con suerte, al tenerte frente a frente no seremos los mismos de ayer, siempre me quedará la certeza de que contigo puedo contar como sabes que conmigo siempre, a pesar de los mortales y su bla bla bla.
Tengo razones suficientes para aceptar pasivamente que no te voy a olvidar y junto a mi herida secreta, guardaré todo aquello que me diste Mar. Y cuidándote, sin sentido nacen y mueren los días sin sal, esperando que retorne el universo a su curso original y regresen al carbón las ganas de soñar.


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