Finalmente, me siento consciente del presente aunque no pueda evitar soñarte algunas veces.Me agobiaban tantas dudas que intentaba desaparecerte de mi cuerpo, obligandome con ello a pensar dolorosamente a cada segundo en tu recuerdo.
El ser humano se siente tan complacido cuando quien le escucha viste su piel y comprende su abatimiento, que en su confort olvida que el adversario tiene también sus dudas, su etapa, sus razones y su momento... yo no fui la excepción, pero me siento agradecida de hoy poder entenderlo. Es que, a pesar de que en ocasiones nos cuesta tanto decifrar las palabras directas, regocijarse en la paz del entendimiento nos hace borrar las malas secuelas.
Buscando una razón que englobe el porque de mis sentimientos, pasaría una vida completa y la mitad de otra sin éxito.
¿Cómo no recordar nuestro primer amor?
¿Cómo no sufrir nuestra primera decepción?
¿Cómo no sonreír cada vez que llega a mi pensamiento tu rostro de sopetón?
¿Cómo se olvida la mejor noche de pasión?
¿Cómo no querer a esa persona que mi mundo revolucionó y me hizo capaz de hablar del amor?
Y conocimos la aventura, la inocencia, la gloria, la infidelidad, la distancia, la agonía, el dolor, el vacío...
Y entendí de lágrimas, de lamentos, de inapetencia, de ruegos, de rabia, de impotencia, de soledad, de silencio, de frío...
Y empezó la consciencia a transformar este cuerpo... creciendo, entendiendo y finalmente, sonriendo, porque mi ser ha quedado lleno lecciones aprendidas y de buenos recuerdos.
Y ahora espero cortar el cordón umbilical que une mi lápiz a tu compañía, para que sin imaginar necedad en mis teorías, ilumines a distancia mi rostro al escuchar tu grata melodía.


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