domingo, 5 de junio de 2011

"Días… Días en los que no me explico la ceguera, la cobardía, la inseguridad, la inmadurez que me rozan y me afectan por dentro y por fuera… “Es muy simple, quien no puede ver tu valor, no merece disfrutar de tu compañía”. Ojalá fuese así de simple y pudiera adivinar el valor de cada quien en poco tiempo, con una mirada o un simple gesto… y/o que el mío fuera previsible o incluso visible sin necesidad de demostrar nada, sin necesidad del tiempo, pero desafortunadamente solo sabemos juzgar, no adivinar.

Cuando se cree en algo, este algo cobra vida, existe… una vez que te han demostrado otra realidad con fundamentos comprobables, es imposible darle aliento a lo que tu lógica no es capaz de organizar, una parte de ti se resiste, pero no sabes si es la parte que ve la realidad o la otra parte y esta duda hace que nada tenga la pasión brava que se desataba en tiempos pasados. ¿Es posible que una ilusión te conduzca nuevamente a la ceguera? Puede ser... la juventud es impresionable y el ser humano es capaz de volverse ciego cuando le apetece, aun con ojos saludables y bien abiertos.

¿Cómo se puede juzgar y condenar a alguien por ser joven, desconfiad@ y no saber lo que se es ni lo que se quiere? Estos son otros días… días en los que me recuerdo y no hay cabida para rencores, aunque la mayoría exija sentimientos de despecho, de rabia o de venganza; para terminar odiando a alguien por algo que (sin temor a equivocarme) aseguro hemos hecho anteriormente, deberíamos empezar por odiarnos a nosotros mismos, tratarnos con rabia y despecho, vengarnos de nosotros mismos, pero nadie empieza por el principio. La vida es así, nadie nace sabio, todo es un proceso, la vida misma lo es. En estos días me sorprendo comprensiva, imaginando una realidad optimista y viendo una ilusión, pero la imagen desaparece sin respuestas, sin puntos suspensivos y sin final, sin poder descubrir la existencia o precariedad de algún sentimiento... algún día...

Algún día es tan poco probable... puede ser en cualquier momento, desde ahora hasta incluso después de la muerte. A mi entender, esperar es uno de los mayores sacrificios que debe aprender a hacer el ser humano. Esperar en Dios, esperar que las cosas vayan a mejor, esperar un golpe de suerte, esperar que todo salga bien o que todo salga mal (todo depende del ojo con que se mire), esperar no equivocarse, esperar poder, esperar estar haciendo lo correcto al esperar…  Esperar es una de las peores partes de la vida porque implica dejar pasar el tiempo, cosa que no estamos acostumbrados a hacer, cosa que nos agobia y desespera. Cuando el tiempo tiene que pasar puede pasar cualquier cosa en el tiempo. Días de seguridad y fe infalible, días de tentaciones, pies que retroceden, miedos, días en la inopia, decesos vivientes, occisos que nos sorprenden, mierda cubriendo el mundo, nuestro mundo de jueces camaleónicos. Nos camuflajeamos de orgullo, rabia, egocentrismo, lujuria, vanidad, silencio, autosuficiencia, insensibilidad; nos cubrimos de lo que el mundo se cubre y pasamos desapercibidos, la tribu nos reconoce y terminamos por olvidar lo que nos hacía diferentes y valientes. Decir te extraño, te necesito en mi vida, eres importante para mí, no me olvides, espera en mí, etc., han pasado a ser estupideces, tonterías, momentos de confusión mental, momentos de debilidad emocional… y me pregunto: ¿a quién se le ocurre que el propósito de la vida es aparentar? Aparentar frialdad, superioridad, elocuencia, despotismo… ¿Cómo no disfrutar tanto el amor como el dolor y llenarse de satisfacción por haberlo dado todo, por haber sido valiente, arriesgad@, apasionad@ y fiel a tus impulsos? Tus impulsos que son lo único que realmente lleva tu sello personal, donde el minúsculo tiempo que trascurre entre causa y efecto no deja margen para planear la respuesta… ¿Que esta última puede ser equivocada? Sí, pero cien por ciento auténtica, el reflejo del alma que aun ubicada en lo mas profundo, no puede dejar de existir.  

Hay otros días en los que dudo y casi pienso como la mayoría de la tribu e intento corroborar su hipótesis rememorando mi historia, busco en mi expediente la puesta en escena de lo mejor de mí y veo debilidad emocional, confusión mental, fuerza, esperanza, sentimientos, pasión, locura…


Días como hoy, en los que me invade la certeza de que el único propósito en la vida es sentir o estar muertos.

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